ICONOS Y CIRIOS
TALLER DE ARTE LITÚRGICO

San Joaquín y Santa Ana en la Puerta Dorada

Icono de San Joaquín y Santa Ana abrazándose en la Puerta Dorada, pintado a mano

La escena, en una de las puertas de Jerusalén llamada la Puerta Dorada, muestra el encuentro entre san Joaquín y santa Ana. Los rostros se confunden en un beso: es el momento en el que se considera que Ana concibe a la Virgen María.

Este tipo de representación, en la que se ve a los padres de María besándose, empieza a hacerse común a principios del siglo XIV. A mediados del XVI, a raíz de la Contrarreforma, la popularidad de este tema empieza a decaer.

Los esposos

Ana corre a los brazos de Joaquín con un ímpetu que se refleja en el vuelo de su manto.

Los rostros, fuera de un realismo extremo, muestran la realidad espiritual del hombre transfigurado.

La tarima que flota en el espacio sitúa el abrazo de los esposos en una dimensión ultraterrena. Su color verde representa las verdes aguas del mar de cristal del que se habla en el Apocalipsis, aguas purificadoras (Ap 15,3-4), así como el prado del paraíso.

El espacio

La escena icónica nunca está encerrada entre muros: no se enmarca en el interior de un edificio, sino en el exterior. Un velo suspendido entre los edificios del fondo simboliza el ambiente cerrado en el que se desarrolla la acción.

Los colores

Destaca el oro, el color de los colores, que lo ilumina todo. La ausencia de profundidad debida al fondo dorado trasciende las dimensiones del espacio y del tiempo, que se muestra eterno, como el amor de Dios hacia los hombres.

Los edificios tienen cada uno una tonalidad distinta, pero juntos forman una bella armonía y expresan a su vez la alegría de una ciudad que acoge a la Madre de Dios. Ningún color domina sobre otro; únicamente forman un marcado contraste.

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