La primera representación que encontramos de esta imagen es del siglo VIII y se refiere a santa Ana. Es un fresco de Nubia, de Faras (sede de los reyes de Nobalia, Nubia, actual Sudán), que fue descubierto en la catedral de Petros, Pakhoras, y ahora se encuentra en el Museo Nacional de Varsovia.
Como todo icono, ofrece un acceso al misterio de lo invisible. A través de la contemplación, el corazón habla al corazón; es decir, Dios se une al corazón que ora, suprimiendo el distanciamiento entre este y la pintura.
Cómo leer el icono
El rostro
Vemos el rostro de María fuera de un realismo extremo, mostrando una realidad espiritual: la de la humanidad transfigurada. Su serenidad transmite la dignidad de Madre de Dios.
El color azul
El azul es el color de lo celeste: María, Reina del Cielo.
Los ojos
Los ojos, agrandados, no solo sirven para ver: interceden por el espectador. Hacia dentro miran el amor de Dios y hacia fuera el corazón del mundo; es la insondable unión entre el Creador y la criatura.
La boca
La boca, extremadamente fina y corta, aparece cerrada y con el dedo ante ella, como expresión de la verdadera oración, que se hace en silencio. Pero al mismo tiempo está enseñando a orar a su hijo, como lo hizo su madre con ella. Esto es posible porque el icono no está sujeto a las normas terrenas de tiempo, lugar, espacio…