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San Juan Pablo II ICONO

Icono de san Juan Pablo II

Hay iconos que pintamos por encargo. Este, en concreto, fue el regalo de una parroquia a un sacerdote que había servido en ella y se marchaba a su nuevo destino.

Cómo pintamos el icono bizantino de san Juan Pablo II

La documentación

regalo a un sacerdote

Cuando la parroquia nos hizo el encargo, comenzamos un periodo de documentación. Nos rodeamos de fotografías del Santo Padre, y todas nos llamaban a la cercanía. También releímos su carta a los artistas y algunas frases que teníamos subrayadas de sus libros. En definitiva, nos empapamos de la esencia de este santo.

El boceto

Después vino la fase del boceto iconográfico, en la que hicimos muchos bocetos diferentes. El icono bizantino de san Juan Pablo II debía mostrar los rasgos de santidad de un icono oriental, los de la persona que ya participa de la vida divina. Pero, al ser un santo cercano, que todos tenemos en la retina y en el corazón, la imagen también tenía que ser cercana para la oración del fiel, sin ser tan espiritual que se alejara.

Y entonces llegó el equilibrio: en este icono reconocemos al papa san Juan Pablo II y reconocemos el icono, la esencia y la presencia que hay en él.

Apoyado en la Cruz

Apoyado en la Cruz, como tantas veces lo vimos entre nosotros, nos invita a hacer lo mismo: a no tener miedo y a apoyarnos en la Cruz de Cristo.

Icono san Juan Pablo II

Es una cruz distinta de la que portaba en su ministerio, en su tarea evangelizadora. La que vemos es sencilla, de madera: es la cruz como símbolo de la fe. Es la cruz itinerante que, al final del Año Santo de 1984, el Papa entregó a la juventud del mundo con estas palabras: «¡La Cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como signo de amor del Señor Jesús a la humanidad y anunciad a todos que solo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención».

Puedes conocer más de nuestros iconos en este enlace: Iconos tradicionales.

Icono tríptico de San Martín de Porres pintado a mano

San Martín de Porres

Icono de san Martín de Porres pintado sobre tabla de abedul.

«Donde hay fe, hay amor; donde hay amor, hay paz; donde hay paz, está Dios».

San Martín de Porres

Sigue la iconografía tradicional, que nos presenta al santo admirando la Cruz. La aureola está dorada con oro de 22 quilates, al igual que los bordes de la Cruz, que parece desprender luz por sí misma.

Lleva el hábito de los dominicos, la orden a la que pertenece. Al tratarse de un icono, se omiten los animales o las personas de otras representaciones, e incluso el fondo, para dejar paso al misterio de la vida en Cristo.

Padre Pío y su Ángel

En su infancia, el Padre Pío tenía visiones de su ángel guardián y pensaba que todo el mundo podía verlo. Os contamos algunas curiosidades sobre ello.

Un ángel que también era maestro

Sin conocer otros idiomas, el Padre Pío podía entenderlos y hacerse entender en ellos. Por eso decía:

«Si la misión de nuestro Ángel Custodio es importante, la del mío es ciertamente más amplia, porque debe hacer también de maestro en la traducción de otras lenguas» (Carta I,304).

El pequeño compañero de su infancia

«Por la noche, al cerrárseme los ojos, veo bajarse el velo y abrirse delante el paraíso; y, confortado con esta visión, duermo con una sonrisa de dulce felicidad en los labios y con una gran tranquilidad en la frente, en espera de que mi pequeño compañero de mi infancia venga a despertarme y, de esta forma, elevar juntos las laudes matutinas al amado de nuestros corazones» (Carta I,308).

Era su ángel de la guarda quien le hacía pequeños servicios cuando él caía enfermo y no tenía quien le ayudara.

También decía que no habría sospechado lo más mínimo del engaño de Barbazul (el demonio) si su angelito no se lo hubiera descubierto.

El Padre Pío de Pietrelcina siempre reconoció y agradeció la función de «mensajero» del ángel de la guarda, y por ello recomendaba su devoción.

En Iconosycirios pintamos la imagen de distintos santos, como la que ilustra nuestro artículo de hoy.

Virgen de Czestochowa

Virgen de Czestochowa

Los peregrinos de la JMJ viajan hasta Polonia para visitar al Papa y oír su palabra. Hoy les acompañamos desde aquí en la contemplación de un icono, la Virgen de Czestochowa, que acogerá la visita de muchos peregrinos.

El icono

Se trata de un icono bizantino de 122,2 cm, 82,2 cm y 3,5 cm, cuya autoría se atribuye al apóstol san Lucas.

En él vemos representada a la Virgen como Hodigitria, la Virgen que señala a Jesús como camino de Vida.

El Niño, sostenido por el brazo de su Madre, sujeta la Palabra, signo de que Cristo es la Palabra hecha carne. Con la otra mano bendice a la Virgen. Jesús viste de rojo, precediendo la pasión que va a recibir.

El manto de la Virgen es azul y estrellado: está revestida del cielo. Su rostro, sin expresión alguna, como es típico en los iconos bizantinos, no mira al Niño, sino a los fieles que se acercan a adorarla.

Las marcas de su rostro

Nos preguntamos por las marcas de su rostro y de su cuello. Este icono ha viajado desde Jerusalén, donde lo encontró santa Elena, a Constantinopla, y quinientos años después, a la actual Polonia.

Allí la Virgen mora en una capilla del castillo de Belz. Durante un asedio por parte de los musulmanes, una lanza penetra en la capilla y rasga el cuello de la Virgen.

San Ladislao, príncipe polaco y gran devoto, decidió trasladar la imagen a su ciudad natal, Opala, para mantenerla segura. En una parada del viaje, en Czestochowa, la imagen se guardó en una colina (Jasna Góra). A la mañana siguiente el príncipe preparó todo para partir, pero sus caballos no querían andar, lo que él interpretó como una señal de que la Virgen debía quedarse allí. El santo mandó construir una iglesia y un monasterio de los Padres Paulinos, que guardan y veneran este icono hasta hoy.

En 1430 un grupo adherido a la contrarreforma saquea la iglesia y roba varios objetos, entre ellos el icono. Al marcharse, los caballos no querían caminar; sabiendo que se trataba del icono de la Virgen, lo tiraron al suelo y se rompió en tres partes. Uno de ellos rajó su rostro con un cuchillo hasta tres veces y, antes de que pudiera volver a hacerlo, la Virgen comenzó a sangrar.

Se ha intentado restaurar el cuadro varias veces, pero siempre aparecen estas marcas.

En 1656 la Virgen es coronada como Reina y Protectora de Polonia.

Juan Pablo II y la Virgen de Czestochowa

Juan Pablo II estaba muy unido a esta Virgen. Hoy recordamos esta oración que le dedicaba:

«Madre, soy todo tuyo y aquello que es mío es tuyo».

Icono de San Joaquín y Santa Ana abrazándose en la Puerta Dorada, pintado a mano

San Joaquín y Santa Ana en la Puerta Dorada

La escena, en una de las puertas de Jerusalén llamada la Puerta Dorada, muestra el encuentro entre san Joaquín y santa Ana. Los rostros se confunden en un beso: es el momento en el que se considera que Ana concibe a la Virgen María.

Este tipo de representación, en la que se ve a los padres de María besándose, empieza a hacerse común a principios del siglo XIV. A mediados del XVI, a raíz de la Contrarreforma, la popularidad de este tema empieza a decaer.

Los esposos

Ana corre a los brazos de Joaquín con un ímpetu que se refleja en el vuelo de su manto.

Los rostros, fuera de un realismo extremo, muestran la realidad espiritual del hombre transfigurado.

La tarima que flota en el espacio sitúa el abrazo de los esposos en una dimensión ultraterrena. Su color verde representa las verdes aguas del mar de cristal del que se habla en el Apocalipsis, aguas purificadoras (Ap 15,3-4), así como el prado del paraíso.

El espacio

La escena icónica nunca está encerrada entre muros: no se enmarca en el interior de un edificio, sino en el exterior. Un velo suspendido entre los edificios del fondo simboliza el ambiente cerrado en el que se desarrolla la acción.

Los colores

Destaca el oro, el color de los colores, que lo ilumina todo. La ausencia de profundidad debida al fondo dorado trasciende las dimensiones del espacio y del tiempo, que se muestra eterno, como el amor de Dios hacia los hombres.

Los edificios tienen cada uno una tonalidad distinta, pero juntos forman una bella armonía y expresan a su vez la alegría de una ciudad que acoge a la Madre de Dios. Ningún color domina sobre otro; únicamente forman un marcado contraste.

Sta. Ana o la Virgen del silencio

Sta. Ana o la Virgen del silencio

La primera representación que encontramos de esta imagen es del siglo VIII y se refiere a santa Ana. Es un fresco de Nubia, de Faras (sede de los reyes de Nobalia, Nubia, actual Sudán), que fue descubierto en la catedral de Petros, Pakhoras, y ahora se encuentra en el Museo Nacional de Varsovia.

Como todo icono, ofrece un acceso al misterio de lo invisible. A través de la contemplación, el corazón habla al corazón; es decir, Dios se une al corazón que ora, suprimiendo el distanciamiento entre este y la pintura.

Cómo leer el icono

El rostro

Vemos el rostro de María fuera de un realismo extremo, mostrando una realidad espiritual: la de la humanidad transfigurada. Su serenidad transmite la dignidad de Madre de Dios.

El color azul

El azul es el color de lo celeste: María, Reina del Cielo.

Los ojos

Los ojos, agrandados, no solo sirven para ver: interceden por el espectador. Hacia dentro miran el amor de Dios y hacia fuera el corazón del mundo; es la insondable unión entre el Creador y la criatura.

La boca

La boca, extremadamente fina y corta, aparece cerrada y con el dedo ante ella, como expresión de la verdadera oración, que se hace en silencio. Pero al mismo tiempo está enseñando a orar a su hijo, como lo hizo su madre con ella. Esto es posible porque el icono no está sujeto a las normas terrenas de tiempo, lugar, espacio…

Icono de san José (detalle)

José, como era justo…

José, custodio del Arca de la Nueva Alianza y administrador fiel de los bienes de Dios, es el padre de Jesús en la fe.

Es el patrono de los seminarios porque hizo del hogar de Nazaret la primera casa de formación: cumplió la misión de iniciar a Jesús en la fe de Israel.

La vara de Aarón

Vemos a José representado con la vara de Aarón, una vara seca que florece. Al igual que Aarón, José es el encargado de custodiar el Arca de la Alianza; en este caso, María, la Nueva Arca que contiene la Nueva Alianza de Dios con los hombres.

A José se le encomienda la misión más santa, cuidar al Hijo de Dios, y Dios está con él en ella. Siendo el siervo, se convierte en el señor de su Señor.

El hombre ante el misterio

José personifica el drama humano: el hombre ante el misterio. Cuando decide repudiar a la Virgen en secreto, lo que pretende es no ser un impedimento para la obra de Dios. Es entonces cuando recibe la visita del ángel. Como era justo, actúa como justo.

Hoy nos acordamos de todos los padres que, a ejemplo de José, hacen de su hogar una casa de bendición, y los felicitamos.

La verdadera historia de San Valentín

La verdadera historia de San Valentín

Es habitual escuchar que San Valentín, el día de los enamorados, es una invención de un centro comercial para engordar la facturación en un día normal. Pero en realidad su historia viene de mucho más lejos: del Imperio romano, para ser exactos.

Cómo se popularizó

Es cierto que empezó a popularizarse masivamente en 1842 en Angloamérica, cuando Esther A. Howland comenzó a vender tarjetas postales de san Valentín («valentines») con símbolos como el corazón o Cupido.

La tradición de los países nórdicos dice también que por estas fechas se emparejan y aparean los pájaros, y es posible que por esa razón se identifique como un día dedicado al amor y a la creación.

Su origen, en la Roma del siglo III

Según cuenta la leyenda, su origen se remonta al siglo III en Roma. San Valentín era un sacerdote que celebraba en secreto matrimonios de jóvenes enamorados, ya que el emperador Claudio II los había prohibido porque pensaba que los solteros eran mejores soldados que los casados. Por este motivo, tras llamarlo a palacio, el emperador dio orden de encarcelarlo.

Un oficial romano llamado Asterius fue el encargado de ejecutar la orden, pero aprovechó la ocasión para intentar ridiculizar a Valentín retándolo a devolver la vista a su hija Julia. Valentín aceptó el reto y, en nombre del Señor, consiguió devolver la vista a la pequeña.

Asterius le agradeció el milagro, pero aun así no pudo evitar que fuese encarcelado. Tiempo más tarde, el emperador Claudio ordenó su muerte y fijó su ejecución el 14 de febrero del año 270.

Julia, la hija de Asterius, plantó un almendro junto a la tumba del mártir Valentín. Por eso el almendro es símbolo de amor y amistad.

Fuentes: Wikipedia y Santopedia.