La Sagrada Familia vive alrededor de un mes en el antiguo Cairo, refugiándose en una cripta donde ahora se encuentra la Basílica de San Sergio o de la Sagrada Familia, alertados por las intenciones de Herodes.
«Levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto; estate allí hasta que yo te diga: Porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». (Mt. 2, 13)
Según la tradición allí fue donde la hija del faraón recoge a Moisés de las aguas, pues el lugar está muy cercano al Nilo, y también por donde sale el pueblo de Israel hacia la Tierra Prometida.
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Joaquín, Ana en la Puerta Dorada
ENCUENTRO EN LA PUERTA DORADA
Este tipo de representación, en el que se ve a los padres de María besándose empieza a hacerse común a principios del siglo XIV hasta mediados del XVI a raíz de la Contrarreforma la popularidad de este tema empieza a decaer.
La escena, en una de las puertas de Jerusalén llamada la Puerta Dorada, muestra el encuentro entre San Joaquín y Santa Ana. Los rostros se confunden en un beso, es el momento en el cual se considera que Ana concibe a la Virgen María.
Ana corre a los brazos de Joaquín con un ímpetu que se refleja en el vuelo de su manto.
Los rostros, fuera de un realismo extremo, muestran la realidad espiritual del hombre transfigurado.
La tarima que flota en el espacio sitúa el abrazo de los esposos en una dimensión ultraterrena, y el color verde representa las verdes aguas del mar de cristal del que se habla en el Apocalipsis, aguas purificadoras (Ap. 15,3-4) así como el prado del paraíso.
La escena icónica nunca está encerrada entre muros, no se enmarca en el interior de un edificio sino en el exterior, mientras que con un velo suspendido entre los edificios del fondo simboliza el ambiente cerrado en que se desarrolla la acción.
La ausencia de profundidad debida al fondo dorado trasciende las dimensiones del espacio y del tiempo que se muestra eterno, como el amor de Dios hacia los hombres. Atendiendo a los colores destaca el oro (el color de los colores) que lo ilumina todo, trasciende las dimensiones del espacio y del tiempo que se muestra como eterno, como el amor de Dios a los hombres; y las tonalidades de los edificios, que a pesar de ser cada uno distinto, juntos representan una bella armonía y expresa a su vez la alegría de una ciudad que acoge a la Madre de Dios. Ningún color domina sobre otro, únicamente forman un marcado contraste.
Pentecostés
Pentecostés no es el final de una historia de salvación, sino el comienzo de una misión que es la de salir al mundo, hacer discípulos de todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Sta. Ana o la Virgen del silencio
La primera representación que encontramos de esta imagen es del siglo VIII y se refiere a Santa Ana en un fresco de Nubia de Faras (sede de los reyes de Nobalia, Nubia, actual Sudán), fue descubierto en la catedral de Petros, Pakhoras y ahora se encuentra en el Museo Nacional de Varsovia.
Como todo icono ofrece un acceso al misterio de lo invisible. A través de la contemplación, el corazón habla al corazón, es decir, Dios se une al corazón que ora, suprimiendo el distanciamiento entre éste y la pintura.
Vemos el rostro de María, fuera de un realismo extremo, mostrando una realidad espiritual de la humanidad trasfigurada. Su serenidad trasmite la dignidad de Madre de Dios.
El azul es el color de lo celeste, María Reina del Cielo.
Los ojos, agrandados no solo para ver, interceden por el espectador. Hacia dentro miran el amor de Dios y hacia fuera el corazón del mundo, es la insondable unión entre el Creador y la criatura.
La boca, extremadamente fina y corta aparece cerrada y con el dedo ante ella como expresión de la verdadera oración que se hace en silencio, pero al mismo tiempo está enseñando a orar a su hijo como lo hizo su madre con ella. Esto es posible porque el icono no está sujeto a las normas terrenas de tiempo, lugar, espacio…
La verdadera historia de San Valentín
Es habitual escuchar que San Valentín o el día de los enamorados es una invención de un centro comercial para engordar la facturación en un día normal pero en realidad su historia viene de mucho más lejos, del Imperio Romano para ser exactos.
Es cierto que empezó a popularizarse masivamente en 1842 en Angloamérica cuando Esther A. Howland comenzó a vender tarjetas postales de san Valentín («valentines») con símbolos como la forma del corazón o de Cupido; la tradición de los países nórdicos dice también que por estas fechas es cuando se emparejan y aparean los pájaros y que es posible que por esa razón se identifique como un día al amor y a la creación.
Pero según cuenta la leyenda su origen viene desde el Siglo III en Roma. San Valentín era un sacerdote que celebraba en secreto matrimonios para jóvenes enamorados, ya que el emperador Claudio II había decidido prohibirlos porque pensaba que los solteros eran mejores soldados que los casados. Por este motivo, tras ser llamado a Palacio, el emperador Claudio dio orden de encarcelarlo. Un oficial romano llamado Asterius fue el encargado de ejecutar la orden, pero aprovechó la oportunidad para intentar ridiculizar a Valentín retándolo a que devolviese la vista a Julia, su hija. Valentín aceptó el reto y en nombre del Señor consiguió devolver la vista a la pequeña.
Asterius agradeció a Valentín el milagro, pero aún así no pudo evitar que fuese encarcelado. El emperador Claudio ordenó tiempo más tarde la muerte de Valentín, citando su ejecución el 14 de Febrero del año 270. Julia, la hija de Asterius, plantó un almendro junto a la tumba del mártir Valentín; por eso el almentro es símbolo de amor y amistad.
Fuente – Wikipedia y Santopedia